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¡¡Buenos días amigos!! El otro día revisando el blog me di cuenta que no os había hecho un blog sobre nuestro taller sensorial, por lo que la super entrada de hoy es de esas que de solo leer te entran ganas de mancharte, guarrear y sobre todo disfrutar. Y es que nuestro último taller sensorial ha sido nada más y nada menos que con gelatina.

La premisa era muy clara, guarrear. Preparé dos paquetes de gelatina en diferentes moldes el día de antes siguiendo las instrucciones del fabricante y las dejé reposar hasta la mañana siguiente. En este caso, escogí frambuesa y limón porque hubiera más colorido, pero vosotros lo podéis hacer con los que mas os guste.

Al día siguiente, debido al buen tiempo que hacía saqué una mesa al patio y allí desmolde cada uno de los envases de gelatina y… ¡¡A jugar!!

La cara de los peques era más que de sorpresa. Una mezcla de curiosidad e incertidumbre pero todo esto se transformó en diversión en cuanto la tocaron.

 

¡Qué fresquita! – decían algunos. Otros directamente decidían probarlo a ver a que sabía. ¡¡Estaban para comérselos!!

Cuando ya habían manipulado, probado, olido… decidí dejarle los moldes para ver que hacían. Y aunque alguno de ellos se trasformó en un tambor que amenizaba nuestra actividad, la mayoría fue usado como recipiente para meter y sacar la gelatina.

Una experiencia muy enriquecedora y muy divertida, que permite a los niños explorar, experimentar, sentir, probar, hacer asociaciones y esquemas de una forma muy lúdica.

 

Y hasta aquí nuestro taller sensorial, ya estoy pensando en el siguiente… ¡¡Hasta pronto!!